La Gata Crisantemo

Publicado en Misc con etiquetas , el Junio 24, 2009 por azuma

Son las tres y media de la mañana y al fin puedo dar un pequeño respiro. Mi gata, Kiku, llegó de un pequeño paseo nocturno y me maulló para que le diera comida. Esto no es un hecho de poca importancia: hace un día y medio, la minina devolvió su comida y las veinticuatro horas siguientes apenas probó bocado. A duras penas se levantaba y cuando lograba pararse, se acostaba a dos pasos más allá.  Con horror, corrí hacia mi computador para investigar de qué clase de síntomas se trataba.  Hace poco había notado que tenía su pancita más hinchada y pensé que (al fin) estaba embarazada, pero después de su falta de apetito temí por lo peor. Podría estar sufriendo desde una constipación hasta un envenenamiento.  Conociendo el trato cruel que en este país se les suele dar a los gatos (en contra de la creencia popular), entré en un estado de pánico. Falté a clases para no perderla de mi vista y después salté a mi bicicleta para ir a buscarle alimento blando. Sentía un gran peso sobre mis hombros, mi corazón se retorcía. Cuando caía la noche su estado no mejoraba y apenas pude dormir. Al menos tenía sus reflejos intactos, lo que indicaba que si se había envenenado el caso no era fatal.

A medianoche me pidió salir. Con aprehensión, la dejé, pero luego estaba dándome vueltas por detrás del edificio para ver si se encontraba bien. Qué angustia. De los ocho gatos que he tenido en mi vida, es probablemente la primera vez que sentí una preocupación tan grande.  A mi primer gato lo ví sufrir mucho por la enfermedad que se llevó su vida, y el gato que mejor se había llevado conmigo hasta ese entonces, me dejó con una enorme tristeza cuando misteriosamente desapareció-justo, cuando había decidido partir hacia Japón. Pero esta vez realmente se me cayó todo por un momento.  Mis ojos cosquillean y las emociones fluyen dentro de mí, ahora por el alivio, pero también porque me percaté de lo especial que es esta gatita. Por eso le dedico un post.

La gata Kiku llegó con el comienzo de la primavera, de una forma tan repentina que el hecho de que esté aquí se convirtió en algo tan natural que no dió cabida a cuestionamientos. Maulló fuera de mi ventana y le abrí. Sin miedo ni verguenza, entró a mi dormitorio y se acostó a los pies de mi futón. Yo, perpleja-y para qué me dejo con cosas, maravillada- la dejé. Una o dos horas después, se sube a mi regazo mientras estaba frente al computador. Se trataba de una gata adulta, tal vez con algo de sobrepeso, con el pelo brillante y de aspecto más bien sano. Pensé al instante que tendría dueño y que tal vez me había pegado una visita, como suele suceder que estos muchachos suelen tener más de una casa de vez en cuando.  Pasado un tiempo se fue por donde había venido y no supe de ella hasta dos semanas después, cuando vino a cumplir la misma rutina de dormir un rato en mi colcha e irse.  No transcurrió mucho cuando el intervalo entre visitas se fue haciendo más corto,  pero siempre con la humildad de no pedir nada más que un lugar donde acostarse. Hasta que un día, aquella humildad fue reemplazada por ruidosos maullidos que me pedían comida. Sonamos, pensé. Decidí ignorarla pero ahora la criatura venía todos los santos días. Supe que no podía hacer nada más al respecto. Con gran preocupación, pensando en qué iba a hacer si me tocaba volver a cruzar el océano otra vez, le compré sus primeras latas de comida. Ella no pudo haber estado más feliz. Tratando de tranquilizarme, pues cuando tenía doce años ya me había mudado de país con mi primer gato, decidí aceptar las cosas tal cual eran. El de arriba no pregunta, simplemente nos encaja los encuentros y si uno no estuvo preparado cual arquero para recibirlos, nos llega no más el gol. Pero sé que mi equipo está bastante lejos de haber perdido.

Llego a mi casa y escucho maullidos tras la puerta. Cuando me despierto siento un pesito en mis piernas.  Me siento a leer o a escribir y se ubica a una distancia prudente, vigilando, siendo los ojos que ven las cosas que no puedo ver. Me permite poner mi cabeza en su pancita y que la apriete de vez en cuando.  Los que tienen o han tenido gatos, saben que es tan difícil a veces tener feeling con ellos. A veces uno los adora, pero si uno no les cae bien, no hay nada que hacer. La cercanía de la relación la eligen ellos.

Ahora la Kiku debe estar hecha un ovillo en su almohadón, recuperándose de su constipación, que a lo mejor surgió por comerse una planta no muy saludable de esta ciudad campestre o tal vez un gusano. A todos los dioses que conozco les pido que la cuiden, para que me acompañe sea cual sea el hemisferio en el que esté, dándome la alegría que tanto me falta.

La Gata Kiku

Sea of Blue

Publicado en Bunka, The art con etiquetas , , , el Marzo 31, 2009 por azuma

¿De qué te quieres graduar?” me preguntó el decano al observar mi nuevo horario de clase con huecos vacíos, mirando con desdén mis uñas negras, como si éstas fuesen otra incongruencia más que mi ser extranjero estaba produciendo. No contesté para evitar cometer una rudeza. El profesor asistente le explicó, con voz servil, que no había registrado las clases de la carrera por que tenía otras prioridades con las materias perdidas. El decano lanzó un gruñido y sus ojos eran apenas visibles, por su raza y por su vejez. ¿No era más fácil, pensaba yo, decirme lo que tenía que rellenar en los formularios para poder continuar en la universidad, en vez de producir esa cantidad obsena de silencios incómodos? Todos los que nos hallábamos en aquella habitación sentíamos que estábamos perdiendo el tiempo.

De todas formas, ella ha pasado todas las materias de los años anteriores.”agregó el profesor asistente.”Ya que le hicimos el servicio de que así fuera”. Y luego soltó una risa que nadie acompañó. Yo estreché mis párpados para mostrar disgusto de la forma más solemne posible. Mis manos estaban unidas rígidamente bajo mi abdomen, como si estuviese vistiendo un kimono. Luego el decano empezó una vez más el lento monólogo acerca de mi peligrosa situación, de qué iba a pasar cuando perdiese la beca, si he pensado en una forma de continuar mis estudios, opinando que mi decisión de vivir en Japón desde el comienzo “es algo que nadie hace, pues uno va a estudiar al extranjero para aportar algo a su país”. Sus palabras eran como la pintura sobre el washi cuando no se lo prepara con la pasta blanca, tratando de aferrarse en vano a aquella superficie vegetal. “Porque, ¿todas las personas tienen su país, no?”

Yo respiré hondo. Contestar todo aquello sería desperdiciar la enorme cantidad de energía que me significaba en traducir todo lo que pensaba al japonés en mi cabeza. De todas formas mi boca se abrió involuntariamente, respondiendo a mi indignación, pronta para contar la historia ya tan trillada de que yo, por criarme en otro país y ser hija de extranjero, tenía muy vagos aquellos conceptos de pertenencia de los cuales la gente normal suele ser tan familiar. Disimulé mi respuesta fallida en un intento de atrapar una bocanada de aire, que de por cierto necesitaba. Contestando a mi silencio, el decano siguió hablando acerca de cosas que ya no recuerdo. Repentinamente se tocó el tema del documento que tenía que entregar al rector de la facultad en el que, explicando las razones de mi pobre rendimiento, rogaba por su misericordia para poder continuar el tercer año. Saqué el papel de mi carpeta y se lo entregué. En el formulario había una sola línea escrita en mi peor caligrafía. Razones: Debido a mi inestabilidad sicológica, mi salud física se deterioró y aquello influyó en mi asistencia, rezaban los perezosos caracteres en mi pobre japonés formal. “¿Inestabilidad sicológica?” exclamó el decano ¿Qué significa esto?” y me miró contrariado, como si aquella palabra y el oscuro semblante de ese ser aparentemente joven, vestido totalmente de negro no tuviesen absolutamente nada que ver. “Se llama depresión.” murmuré y el profesor asistente lanzó un gemido de sorpresa, pues no esperaba que yo conociera una palabra tan complicada. Las dos líneas de los incrédulos ojos del decano miraron al vacío a través de mí.

Ya, y si esta es la supuesta razón a todo esto, es de esperar que hicieras algo al respecto, ¿no?.”

Fuí al médico.”

¿Al médico?¿Qué médico?”

Al siquiatra y al sicólogo.”

El viejo profesor me observaba como si yo estuviese hablando una lengua muerta. “¿AH?”

Fui al siquiatra y al sicólogo.” repetí.

¿Y entonces qué fue lo que sucedió?”

Dejé de ir después de seis meses.”

¿Porqué?” agradecí que no me gritara ¡irresponsable!, como ya lo había hecho antes el rector ante aquel relato.

¡Por que soy extranjera, y no me tomaron en serio!” dije con la ira contenida, aunque luego me di cuenta del exceso de honestidad y traté de suavizarlo. “Usted ve, los médicos de la Universidad seguramente están muy preparados para tratar estudiantes japoneses, pero cuando se trata de un extranjero, no cuentan con las herramientas adecuadas.”

Y entonces qué es lo que se supone que vas a hacer.”

Eh… bueno, estoy buscando otro lugar donde me puedan atender.” mentí.

¿Otro lugar? ¡Pero eso te va a costar dinero!”

Posiblemente.”

Esto quiere decir que no importa cuantos documentos escribas, o cuantas clases registres, tu problema se va seguir repitiendo.”

No tiene por qué, profesor.”

¡Se va a seguir repitiendo! Después de que te hicimos pasar el examen de ingreso a esta carrera, gracias a lo cual estás aquí parada…!”

No tengo intención de que se vuelva a repetir.”

¿Qué es lo que quieres hacer con tu vida? ¿Para qué viniste?”

Cerré mi boca nuevamente. Un profesor japonés raramente alza la voz para una reprimenda, pero hace notar que el asunto se puso serio cuando se vuelve honesto. Por mi cabeza sólo pasó la sombra de aquel objetivo que me moviese otrora para cruzar el Pacífico y que ahora, es la débil llama que sostiene mi vida. Pero yo no iba a hacer semejante confidencia ante alguien que no me tomaba para nada en serio. Ya había cometido ese error una vez y la risa que recibí por respuesta todavía era una herida sangrante en mi memoria.

Eso no se lo puedo decir, profesor.” En mi voz opaca por la calefacción del lugar, dejé escapar un pedazo de la remendada determinación que me quedaba.

Esta bien, si no lo quieres decir.” masculló el profesor con molestia. Traté de mostrar que no me importaba su incomodidad en lo absoluto, aunque en realidad por dentro me carcomía el deseo de gritarle a él y a su profesor ayudante toda la verdad.

La discusión flaqueó a partir de ese momento y después de vagas recomendaciones e insinceras afirmaciones que proclamaban que mi salud era más importante que los créditos que tenía que tomar-ocultando el verdadero mensaje de que lo mejor era que abandonase esta isla y los dejase en paz-, pude salir de esa decadente oficina, murmurando un muchas gracias que no tenía intención de ser oído.

En casa de herrero cuchillo de palo

Publicado en Bunka, Manga/Anime con etiquetas , , , el Febrero 26, 2009 por azuma

Una de las revistas más famosas de cosplay, la Cosmode japonesa, tiene una sección en donde siempre salen pequeñas anécdotas de diversas personas que comparten esta práctica, normalmente relatando momentos graciosos o inusuales que ocurrieron durante eventos o sesiones de fotos. Es una de las partes de la revista que disfruto bastante, pues normalmente me río y me identifico con la serie de tallas que suelen suceder. Aunque en la revista número 25 fue un poco diferente. La sección de esta edición está titulada como “tus modales del pasado: la habitación del arrepentimiento“, y es una compilación de historias de cosplayers arrepentidos por sus malas maneras. Lo interesante de esto, por supuesto, es que aquello entendido por malas maneras es un asunto bastante relativo y considerar estas cosas como una equivocación puede resultar impensable para los practicantes de este hobbie en occidente.

Por eso me dediqué a traducir las citas más memorables de esta lista de errores:

Cuando empecé a hacer cosplay, fui una vez a un evento donde se hallaba mi actor favorito. Me vestí como el personaje que él hacía en una serie (con uniforme escolar). Ahora que lo pienso he cometido un acto totalmente irrespetuoso.” —nota de Azuma: no sabía que expresar admiración era una falta de respeto.

A pesar de que había una sala para cambiarse, necesitaba usar el espejo y fui al baño.” —nota de Azuma: personalmente encuentro esas salas muy incómodas.

Fui a hacer purikura mientras estaba con mi disfraz.”

No podía encontrar una parte de mi traje y saqué todas las cosas de mi bolso. Ahora que lo pienso causé muchas molestias.”

En el tren de vuelta hice mucho ruido con mis amigos. Ahora estoy sumamente arrepentida.” —nota de Azuma: hablar es una necesidad humana.

(en caracteres de gran tamaño) “Fui al convenience store mientras estaba con mi disfraz!” —nota de Azuma: yo recuerdo haber ido a un supermercado con mi disfraz. No en Japón, por supuesto.

Saqué fotos sin preguntar.” —nota de Azuma: a menos que fuese un pervertido, personalmente no me importa que me saquen fotos. Pienso que si eso sucede uno debería sentirse halagado.

El hacer una escena de personajes hombres en una actitud anormal en frente de otras personas, fue una terrible idea. Realmente pido disculpas.” —nota de Azuma: me gustaría saber cuál fue esta actitud anormal.

Etcétera.

Complementando estas terribles confesiones, están los consejos de los senpais en este arte:

No creas que tú puedes hacer algo sólamente por que se lo viste hacer a otra persona.” —nota de Azuma: el mensaje subliminal de esto es “tener valor para expresarse es un crimen”. =P.

El ser principiante no es una excusa para equivocarse.” —nota de Azuma: había olvidado que esta era la tierra del seppuku.

Como el cosplay es una práctica que comúnmente es mal mirada, hay que actuar con mucha responsabilidad al respecto. Dependiendo de cómo actuemos se decidirá el futuro del cosplay. No hay que olvidar el sentido común.” —nota de Azuma: puedo entender esto, pero me parece que el futuro del cosplay no es un asunto tan serio. El que lo quiere hacer lo hace, punto. Me parece triste que la diversión deba tener tantas regulaciones innecesarias.

Recomendaría que, si quieres empezar en este mundo, sería bueno que primero comenzaras a sacar fotos a los demás con tu ropa normal. Después de ver cómo son las cosas desde afuera, estarías habilitado para hacer tu debut“. —nota de Azuma: ¿qué, acaso el cosplay es un arte marcial?!

Afuera, en el mundo, debemos convertirnos en personas comunes!.”

Estar en lugares públicos con el disfraz es algo preocupante. Después nos juzgan a todos, así que eso deberían evitarlo a toda costa!.”—nota de Azuma: entonces el cosplay no tendría razón de ser.

En fin,  las reglas en cuanto a hacer cosplay en este país son un asunto que se ha hablado a menudo y por lo cual se rompen la cabeza algunos occidentales, por lo que esto en realidad no es nada del otro mundo. Estoy a favor de la seriedad en cuanto a llevar el cosplay como un asunto personal, o incluso si se quiere, como una forma de arte en la que existe extrema preocupación en su elaboración y preparación, dando a veces hermosos resultados que pueden resultar inspiradores. Eso admiro y celebro de los cosplayers japoneses. Pero esto es una forma de entretenimiento, se lleve como se lleve a cabo. Aunque obviamente no hay que olvidar que, la diversión, el atreverse a mantener la propia individualidad y la transgresión de reglas, son cosas que en este sito van de la mano. El cosplay para los otakus japoneses es como ese grito ahogado de la personalidad, que como aquel disfraz que sólo puede ser usado por unas pocas horas, tiene derecho a expresarse en momentos limitados y si se sigue las reglas, claro está.