Archivos para sociedad japonesa

Puntos inconvenientes

Publicado en Bunka, The art con etiquetas , , , el Mayo 23, 2008 por azuma

Hace un par de semanas un amigo me invitó al club de aikido. Hoy fui a la experimentación y con esto cuento mi intento número cuatro de entrar a un club de artes marciales en una universidad de Japón (deberían darme un premio por número de intentos). El primero fue kendo, en el período que estudiaba en la Universidad de Lenguas Extranjeras de Tokyo, con las ganas de hacer ahora sí el arte marcial que más admiraba. Fui a ver los entrenamientos del club y participé de algunos, pero el club de karate, que entrenaba en el horario anterior en el mismo dojo, me llamó. Y ese fue mi segundo intento (por que antes de venir a Japón había hecho karate por tres años), para continuar ahora sí, japonesamente, lo que habia venido haciendo. Duré varios meses, aunque el cambio de estilo de karate (el que habia aprendido era Goju, y ese club era Wado) me cruzaba los cables de manera terrible. Después de haber sido más o menos fiel y despertarme a las seis de la mañana los fines de semana de vez en cuando para ir a torneos (experiencia de la que no me arrepiento, porque si bien no pude participar fue muy emocionante ver algo de tal calidad), de salir a correr en vacaciones a dar la vuelta a la universidad y de parecer una estúpida por no aprenderme los katas rapido, lo dejé en pro del estudio del japonés, porque en esa época no hablaba muy bien que digamos y en las reuniones del club siempre terminaba en una esquina sin poder decir nada interesante y tampoco podía entender bien las explicaciones de las técnicas. Como buena cosa me quedó un amigo que me llama o me manda mensajes de vez en cuando, pero todo el karate que había aprendido en mi país se había desvanecido completamente y sentía que sabía menos que los que no sabían nada.

Mi tercer intento fue cuando entré a la Universidad de Tsukuba, ahora sí en serio a estudiar la carrera que había elegido. También elegí karate porque el ser keikensha (el que ha experimentado) me ahorraba un poco la verguenza y porque creí que si había empezado karate eso era lo que debía seguir y de una buena vez, despues de días y años de esfuerzo, conseguir el cinturón negro (empresa que había quedado truncada por que lo dejé todo al venir a Japón). Pero el destino obró en contra mío. Sucedió que en clase de Educación Física (sí, en esta Universidad, estudie lo que se estudie todos debemos tomar Educación Física) por hacer el test de Cooper con zapatos no deportivos me hice una especie de desgarro en los nervios de un pie, cosa que me impidió caminar por una semana y me dejó un molesto dolor por dos. Por varias semanas quedé con una especie de trauma en la que no podía apoyar los pies de cierta manera y con eso dejé de ir a los entrenamientos. Luego me curé completamente pero esta vida de mi facultad, en la que a veces uno se quedaba todos los días hasta la medianoche pintando cuadros para exponer, me alejó completamente de la idea clubes. Y asi desaparecí, sin decir adiós ni nada, pero con mucho arrepentimiento. Después de todo el haber hecho un arte marcial durante bastante tiempo me había dejado una especie de costumbre y sentía que algo me faltaba. Decidí que el próximo año, cuando todas las cosas se calmaran, podría hacerlo nuevamente. Y pues ahora es el próximo año.

Al principio tenía ganas de unirme al club de kyudo o de kendo. Fuí, de hecho, a visitar el club de kyudo pero, como practican hasta los días domingos, se me hizo imposible en vista de los cuadros que me mandan a hacer en mi facultad, cada vez de dimensiones más grandes. El club de kendo nunca lo fui a visitar por el desánimo (por algo cuando estábamos en primer año nuestros profesores nos dijeron que no podíamos entrar a ningún club, que no había tiempo para ello). Estudiar pintura no es algo que se pueda dividir en el margen de las horas académicas. Mi facultad en sí misma, ya es como un club, en el que también tenemos campamentos (con nota, dicho sea de paso). El dibujo es algo que mejora con la práctica y el que sólo nos pongan buena nota en un cuadro no significa que haremos algo mejor en el siguiente sin haber practicado horas y horas extra.

Pero aun así. Invitada por un amigo que acababa de entrar al club de aikido, decidí probar. La verdad es que nunca se me hubiese ocurrido hacer aikido, es lo último que hubiese pensado en materia de artes marciales, pero la presencia de alguien conocido en un club me pareció un punto a favor, y pense, por qué no. Entonces hoy fui. Y vaya que fue divertido. Hace tanto tiempo que no me ponía mi dogi y me movía con él. Mientras me tiraban lejos o me doblaban el brazo de forma imposible (momento en el que pensé que, a pesar de que me habian dicho lo contrario, el karate duele menos que el aikido) me hice parte por un pequeño instante de esa gran cosa que es el budo, lo cual me dio un gran sentimiento de nostalgia. Sí, de hecho, creo que sin hacer artes marciales siento que me falta algo, que no estoy viviendo la vida completamente. Por qué será, me pregunto yo. Uno entra a un dojo en cualquier lugar y pareciera que es el mismo en todas partes.

Pero bueno, basta de poesía. Después del entrenamiento una senpai me preguntó que si iba a entrar al club y que si no sabía, debía decidirlo lo más rápido posible porque la temporada de entrar se estaba acabando. Me pilló desprevenida. Me había divertido y enfocado tanto en la práctica y en aprender algo nuevo que no había pensado en ese detalle. Entonces ahí viene toda esa lista de requerimientos de los clubes a la japonesa. Ir casi todos los días (bueno, eso no es tan descabellado, pues de hecho uno no se hace bueno si no practica), asistir a los eventos del club, que el faltar por que se tiene un trabajo partime no está permitido (a pesar de que se tenga la necesidad) y que hay un campamento en el verano que es obligatorio. La chica me dijo que sí, que el estudio es lo primero, pero que luego sigue el aikido (aunque me dio la impresión de que el mensaje era al revés). Lo único que le pude decir es que si me dejaba pensarlo para la próxima semana. Luego, conversando con el amigo que me invitó, quien está en una carrera completamente diferente a la mía, le pregunté si no era medio difícil ser parte del club y él me dijo que no era tan terrible, pues el no tenía un pasatiempo determinado. Entonces yo pensé, ahora qué hago. De hecho le comenté a la senpai que tenía un campamento de mi carrera justo cuando ellos tenían su campamento, pero ella no parecía ceder. No me dijo que no me preocupara, que si de verdad no podía ir no importaba, me dijo que podía ir al campamento mas tarde, pero tenía que ir (lo que significaba cruzar varias prefecturas solamente para atender un compromiso de dudosa importancia). Y yo, que tengo que pintar todo el verano al menos un cuadro casi del porte de mi estatura para exponer en el otoño (lo cual tambien tiene nota), qué puedo hacer? Me da mucha tristeza. A las personas que nos gusta crear, lo que otras personas llaman pasatiempos o hobbies son al final nuestra vida, porque luego se convertirán en nuestros trabajos. Lo que se nos ocurre en una tarde despues de clases puede ser un cuadro o un libro, o no, pero aun así es importante para perfeccionar lo que uno quiere hacer. El arte–y en este caso el dibujo y la imaginación, no son estáticos. Si se dejan de hacer se pudren, o se mueren, como una planta que deja de ser regada. Me han puesto entre la espada y la pared. Ser una persona que le gusta crear tiene a veces tantos, tantos puntos inconvenientes.

La bitacora de los objetos perdidos (y encontrados)

Publicado en Bunka con etiquetas , el Mayo 14, 2008 por azuma

Ayer, cuando me estaba preparando para salir a clases, me di cuenta de que me faltaba algo: mi billetera. Con tranquilidad pense que la habia dejado en la entrada, o en el closet, o en uno de los quinientos lugares diferentes en los que suelo tirarla despues de llegar a la casa. Pero no estaba. Aun conservando mi calma, me dije que a lo mejor estaba entre las cobijas revueltas del futon, por que varias cosas suelen desaparecer misteriosamente por alli. Pero no. Entonces senti una punzada en mi corazon. Mentira, me dije. La noche anterior habia ido y vuelto de la convenience store y me acordaba de haber puesto la billetera en el bolsillo al salir de la tienda. Luego no recordaba mas. Pero su desaparicion era muy improbable, tenia que estar en la casa. Vi pasar la hora en el reloj, me estaba atrasando y mi billetera no estaba por ninguna parte. Me desespere, pensando en mi cedula de identidad, en mis tarjetas, en los tesoros que tenia dentro, y volvi a buscar de nuevo por donde ya lo habia hecho. En eso sono el telefono, pero no me digne en contestar, pues estaba preocupada este asunto. Minutos despues las cosas no habian cambiado y vi que ya habia perdido la clase. Con incredulidad me sente en el futon a ver quien diablos me habia llamado, cuando veo que me habian dejado un mensaje. “Somos de la seccion de estudiantes de la Universidad, nos han dicho que sus pertenencias han sido encontradas y se encuentran en la estacion de policia del centro…”

Casi me cai de espaldas. Estas cosas solo pueden pasar en Japon, sin duda. Parecia mentira.

Fui a mi siguiente clase y luego me dirigi a la estacion de policia. Luego de llenar algunos formularios, pasatiempo favorito en este pais, puse mi firma por alli y por alla y volvi a tener la billetera en mis manos, con todas sus cosas (dinero incluido) intactos. Lo mas gracioso fue que si bien estas anecdotas son atribuidas a la honestidad japonesa, quien encontro la billetera fue un chico estadounidense, ja, ja. Que como se cayo mi billetera y como fue encontrada y posteriormente trasladada a la estacion de policia? Es hermoso y desconocido.

Esta no es la unica cosa que me ha pasado. Viviendo en Tokyo, una vez deje caer mi billetera en una estacion de tren. Me di cuenta cuando habia llegado a destino, y con resignacion fui como por si acaso a la oficina de la estacion. Alli me dicen que si, que la habian encontrado, que me volviese a la estacion anterior. Dicho sea de paso que no me cobraron por subirme al tren otra vez en ese tramo, simplemente me dejaron pasar. Y ahi estaba mi billeta, con ocho mil yenes (como ochenta dolares) intactos. La otra vez deje mi celular en la biblioteca de la universidad y fui a la mesa de recepcion. Me preguntaron como era mi celular y luego de responderles me lo devolvieron en una bolsita de plastico, como objeto encontrado en escena del crimen.

Es increible. De repente pareciera como si uno pudiera creer inocentemente en la honestidad–y en el sistema (y uno baja mucho la guardia). A pesar de que hay muchas cosas que me saquen de quicio y me hagan no querer salir de mi casa, esto siempre me recuerda lo tanto que me gusta este pais en el fondo.

Tiro al blanco

Publicado en Bunka, Misc, The art con etiquetas , , el Enero 17, 2008 por azuma

De nuevo me entregue a la costumbre de dejar tirado mi blog, y eso que lo habia estrenado recien. No es que no haya tenido cosas que escribir, la verdad. Pero hacer que las ideas se transformen en un discurso interesante es otra cosa.

A pesar de que con el fin de las vacaciones de invierno se fue todo ese aura de relax y uno es bajado de golpe a la realidad de las clases nuevamente-lo cual no me habia tenido de muy buen humor-hoy fue un dia en el que tuve un momento mas o menos feliz. Es que resulta que esto de estudiar arte, por muy romantico que se oiga, no es nada facil. No solo por que uno tiene que batallar continuamente para no quedarse atras y las emociones afecten directamente en el desempeño de uno, si no por que a veces se siente como si uno estuviese jugando a los dardos, cada dia intentando dar en el blanco, o al menos en un lugar que tenga un puntaje que valga la pena. Los dardos son uno (o sus trabajos) y el blanco son los profesores (y sus gustos, su cultura). Entre los conceptos de bien hecho (上手) y mal hecho (下手) se puede ser un poco mas objetivo, pero a veces sucede que por mas que uno se esfuerce, las ideas de uno y el profesor no encajan para nada. Es obvio que los docentes, como personas poseedoras de experiencia, emitiran su opinion con la intencion de que uno pueda mejorar o aprender, pero tambien existen especies (que no son tan raras como se piensa) que simplemente dan juicios arbitrarios que tienen menos pies y cabeza que la obra que uno acabo de hacer. He tenido la suerte al menos, de encontrarme aqui en Japon con profesores de muy buena calidad. En mi pais parecia pasar todos los dias por un campo minado. Pero aun asi no quiere decir que terminado de jugar a los dardos. Todavia es bastante agotador.

Hoy estoy mas o menos de buen animo por eso mismo. Al fin me acerque aun poco al blanco -creo-. Normalmente aqui cuando los trabajos se evaluan se los coloca de una forma que el mejor quede en una esquina de la sala y el peor quede en el lado opuesto, en frente de todos. Si uno queda al principio incluso uno podria decir que es una buena practica porque sirve para henchir el orgullo propio, pero si uno va quedando mas atrasito termina odiando ese competitivo sistema de evaluar las cosas. A mi, como es de esperar nunca me habian tocado los primeros lugares. Al principio decia “ya, bueno, a lo mejor no me esforce mucho, que se yo, no valio mucho la pena lo que hice”. Pero cuando a medida que pasan los trimestres y uno se rompe la cabeza y las manos y siempre termina sacando los ultimos lugares, es desesperante.

Hoy me paso (en una clase de diseño grafico en la que habia que construir una tabla de colores con elementos de la naturaleza) que la profesora me dijo “bueno, si hubieses pintado mejor aqui… -senalando una parte en la que habia que colorear con tinta que la habia hecho tan rapido que muy prolijo no habia quedado- hubieses sido la primera” luego miro a la clase y dijo “nadie habia pensado algo como esto, verdad?” (por que se me habia ocurrido la innovadora idea de que se pudiera jugar con la tabla y sus asombrosas partes movibles <llame ya!>). Yo quede como “que rayos!?!?!” Ja, ja, de veras pense que estaba soñando. Y es medio infantil (y narcisista) de mi parte que de la pura felicidad escriba un post de esto aqui, pero es que no quiero que se me olvide (luego necesitare el subeautoestimol (c) en comprimidos dos veces al dia despues de cada comida). Hoy tuve suerte y suspiro, al fin (y eso que creo que la suerte no existe). Me pregunto si algun dia llego a ser profesora, cometere lo mismo y mantendre estresados a mis alumnos. Realmente uno siente que camina todos los dias con los ojos vendados, donde el hecho de no tropezarse tiene que ver con el cuidado que uno le pone al caminar, pero tambien con ser afortunado de no encontrarse con los obstaculos que ponen las personas y sus mentes.