Cansado de la vida

El domingo pasado, cuando me desperté y encendí el televisor, me encontré con una noticia terrible. En el mediodía un hombre había conducido un camión por la calle central del barrio de Akihabara y lo estrelló -intencionalmente- contra varios peatones. Luego de destruir el vehículo, se bajo de él y, cuchillo en mano, apuñaló a otros transeúntes más. Obviamente el escándalo se armó y a pesar de que el hombre hizo ademán de huir, fue atrapado instantes después en una calle lateral por la policía, para ser posteriormente arrestado. Todo hubiese terminado ahí, pero lamentablemente siete personas perdieron la vida y otras diez quedaron gravemente heridas. Entre ellos un padre y un hijo que habían salido a comprar accesorios de computador, o una chica universitaria que transitaba por ahí. Gente como uno. Aquello me heló el cuerpo. El lugar del hecho estaba frente a una tienda que frecuento mucho y donde terminaron atrapando a este delincuente estaba a pocas cuadras de una jugetería a la que siempre voy.

No quiero poner más morbo con este post, porque ya le han dado suficiente tarro a este hecho en las noticias. Pero Akihabara es un lugar al que voy bastante y en el que podía caminar sin cuidado. Se supone que esto era Japón, no cualquier ciudad de Latinoamérica, donde uno camina abrazado a su mochila porque si no desaparece. Pero lo peor de todo esto es que esta masacre no fue un asalto por dinero. Cuando el hombre en cuestión fue arrestado, dijo sus razones: “Estaba cansado de mi vida. Queria matar a alguien, a quien fuera. No soy alguien necesario para nadie. Por eso, cometiendo asesinato, llamaría la atencion de las personas.”

En Latinoamérica también puede suceder que un tipo vaya y apuñale a decenas de personas, pero probablemente sería porque está bajo los efectos de las drogas o pretende robar objetos de valor. Allá no puedo caminar en la noche como camino por aquí, tampoco puedo perder mi billetera y esperar que alguien me la devuelva, pero aún así, no puedo dejar de impresionarme. Nuestros países no se encuentran en buenas condiciones, aún estamos a siglos de acabar con la pobreza y la corrupción, pero en este país del primer mundo, donde la miseria no es tan evidente y donde los servicios funcionan, la sociedad esta podrida en un estado tan profundo que llega a dar escalofríos.

El hombre en cuestión era un funcionario de una empresa de automóviles que tenía buena reputación en su trabajo, una persona x entre todos los japoneses x que viven en este país. Solamente sucedió que, lamentablemente, esta persona se cansó de ser x, pero como la sociedad no esta construída para personas no x, no había salida posible. Entonces sucedió lo que sucedió. No es que esté defendiendo a este hombre precisamente, pero lo que pasó es el efecto de lo que produce la sociedad de este país. Ahora, en las noticias y los matinales dan especiales en donde los invitados son especialistas en la materia, donde revisan el blog que el hombre poseía, y resaltan, ojo, el tipo es un otaku. Ahhh, claro. Ahí esta la culpa de todos los males. Después comentan sobre cómo ha cambiado Akihabara en este último tiempo y la indecencia que abunda por ahí (como las maids repartiendo publicidad de sus respectivos cafés). Luego una residente cercana opina, “sí, antes no era así, ahora está lleno de inmorales”. Y a esa opinión luego se le unen varias parecidas.

A mí me gusta el manga y sí, también me meto en los callejones del famoso barrio a buscar figuras de acción, cds raros y merchandising vario. También he ido a un maid cafe y fue una experiencia divertida. Tampoco quiero decir que celebro todo lo que compone la cultura otaku, porque hay cosas que me dan y seguiran dando escalofríos, como las muchachas que hacen service para todos los transeúntes dejando que les tomen fotos a lo que hay debajo de sus faldas porque es kawaii. Pero es injusto que le echen la culpa a esto y escondan la verdad. En ningún momento han hablado de cómo las personas se sienten viviendo en esta sociedad, porque todos, excepto este hombre, son personas decentes con una vida decente, ¿no?. Nadie quiere sacar a la luz los pedazos de sus vidas podridas, todos esperan hasta que no se pueda más y no quede otra que explotar. Y por eso, no puedo dejar de pensar con profunda tristeza en la vida de este hombre.

¿Este es el Japón que admiran ustedes? Está bien lejos de ser el paraíso que se imaginan.

Kirei (綺麗)

Vaya, hace tiempo que no escribía nada. Es así como se mantiene un blog.  Felicítenme por mi buen trabajo. La verdad es que como siempre, varias ideas se pasean por mi cabeza, pero en el momento en el que estoy frente a la pantalla me desinspiro totalmente, o las olvido, porque el aire en la sala de computadores de mi universidad es sofocante y no me siento bien en medio de tanta gente.

Pero bueno. Hoy cuando iba en bus a la ciudad de Mito a hacer ciertos funestos trámites de cambio de visa, de repente me acordé de una anécdota que me había pasado hace bastante tiempo, pero me dije ya, escribámosla en el blog por que es curiosa y no quiero que luego se me olvide.

Es corta. Resulta que iba yo caminando por la estación de Akihabara y había mucha gente como es de costumbre, pues creo que era un fin de semana. Yo estaba tratando de entrar cuando en esas alguien me dice como “disculpe”, y me volteo. Era una chica no mucho mayor que yo, que me cuenta que era una estudiante de adivinación (uranai) y que si quería que me leyese algo (comentario aparte, es común encontrar estos estudiantes de uranaishi (adivinos) por todas partes, que ofrecen sus servicios gratis a cambio de práctica. Sí, suena muy Clamp). Yo le pregunté sobre el tipo de adivinación que hacía. Entonces ella se sorprendió ante mi desconocimiento y me preguntó “¿pero tú no eres de aquí?”, a lo que yo le contesté que no, que era de Sudamérica (que la mayoría de las veces digo Sudamérica porque obviamente no tienen idea de donde queda mi país). Luego ella me dijo “ahh… es que como eres kirei (lindo/a).” Yo parpadeé un par de veces. Ahí me pidió disculpas por importunarme y yo seguí con mi camino; pero mientras caminaba dentro de la estación pensé: oh, me han dicho kirei, ¡me han dicho kirei! Y me puse feliz (no tengo muy buena autoestima en cuanto a mi imagen), e iba con mi ego inflado y la alegría iba en aumento cuando me detuve en seco. ¡Esperen…! Sí, yo tengo el pelo negro y liso (aunque no liso natural) y como que de repente puedo parecer alguien asiático (aunque hasta ahora yo pensaba que sólo desde atrás). Ajá, bien. La chica me piropeó porque parecía una persona de su país. Entonces ser extranjero, ¿es ser feo?

Hmm.

Ahora no sé si me halagaron o debería angustiarme.