Problemas maritales

(Una conversación más para esta colección de perlas envenenadas—-)

Caí en la oficina del consejero de estudiantes extranjeros otra vez. Era la tercera ocasión en la que me llevaban, porque me había dejado de dignar en contestar las llamadas de los profesores de mi carrera.  Queremos saber cómo estás, alegaban, pero en realidad lo único que querían deducir era si ya había sucumbido para tener una excusa para despedirme amablemente. Entonces me pusieron en frente a este pelagato que se ponía nervioso de sólo mirarme- porque el dichoso consejero no es ni sicólogo ni preparado en la materia, es un profesor elegido al azar de quién sabe dónde, para llenar un cargo que sirva de tapón de conciencia ante todas las tristezas que padecemos.

“¿Estás yendo a clases?”

“Eso intento.”

“Tú…¿qué era lo que estudiabas?”

“Arte.”

“Ah, entonces dibujas…”

“Antes lo hacía.”

“¿Y qué es lo que quieres para el futuro?”

“No lo sé con seguridad. Supongo que algo que tenga relación con lo que estudio.”

“¿Con quien vives?”

“Con nadie.”

“¿Qué haces en tu tiempo libre?”

“Quedarme en mi casa.”

“¿Pero eso no es muy solo?”

“¿Y qué más puedo hacer?”

La jornada había comenzado como un tedioso partido de tenis.

“Mire…” comencé, tratando de contener mi exasperación “…si usted es un consejero de estudiantes extranjeros, debe saberlo de sobra. La gente no se quiere relacionar con nosotros, si quiere ponga de excusa la cultura, las costumbres, etc, pero es un hecho. Usted debe saber que eso es un gran problema que enfrentamos, ¿o no?”

“Bueno….supongo que sí. Pero es que este país tiene cierta peculiaridad…”

“¿Qué quiere decir?”

“En este país los extranjeros que se vienen a vivir siempre se quejan, por una u otra cosa, pero nunca se van. Se pasan quejando pero no hacen nada al respecto.”

“¿Hacer algo al respecto?”

“Claro. Tú también deberías hacer algo al respecto.”

“¿Qué quiere decir? ¿Que me vaya?”

“Por ejemplo.”

“Entonces, según usted, sería mejor que no llegaran estudiantes extranjeros.”

“¿Y, sí no? De alguna forma eso sería mejor para ellos.”

“¿No se supone que usted es el consejero? ¿No debería darme usted ideas? Yo no sé si me vaya o no de aquí, no sé si me quiero quedar o no. Eso depende de varias cosas. Tal vez logre encontrar un trabajo y sea a largo plazo, tal vez sea la hora de ir a otros lados. Pero lo que sí sé, es que si me tengo que ir de este país, no me quiero ir en pelea con él. Yo todavía amo muchas cosas de este lugar. Todavía hay muchos aspectos que admiro y disfruto, y no tengo intención de recordarlos luego con amargura.” El consejero se rió.

“Esto es como los problemas maritales.” afirmó. Y ahora yo reí ante aquella disparatada frase. “Hay parejas que cuando se conocen, la pasan bien y se casan muy enamoradas, pero luego por circunstancias de la vida, a pesar de todo el amor que se tuvieron, terminan divorciándose. Es un final del cual ni la mejor pareja se salva.”

Yo callé y reí una vez más, esta vez para mis adentros. Luego la sesión terminó, agarré mi bicicleta y mientras escuchaba mi mp3 player, respiré la humedad del clima. Recordé que, a pesar del verano, los días nublados siempre me habían gustado, y aquella pureza traspasaba todo límite.

En casa de herrero cuchillo de palo

Una de las revistas más famosas de cosplay, la Cosmode japonesa, tiene una sección en donde siempre salen pequeñas anécdotas de diversas personas que comparten esta práctica, normalmente relatando momentos graciosos o inusuales que ocurrieron durante eventos o sesiones de fotos. Es una de las partes de la revista que disfruto bastante, pues normalmente me río y me identifico con la serie de tallas que suelen suceder. Aunque en la revista número 25 fue un poco diferente. La sección de esta edición está titulada como “tus modales del pasado: la habitación del arrepentimiento“, y es una compilación de historias de cosplayers arrepentidos por sus malas maneras. Lo interesante de esto, por supuesto, es que aquello entendido por malas maneras es un asunto bastante relativo y considerar estas cosas como una equivocación puede resultar impensable para los practicantes de este hobbie en occidente.

Por eso me dediqué a traducir las citas más memorables de esta lista de errores:

Cuando empecé a hacer cosplay, fui una vez a un evento donde se hallaba mi actor favorito. Me vestí como el personaje que él hacía en una serie (con uniforme escolar). Ahora que lo pienso he cometido un acto totalmente irrespetuoso.” —nota de Azuma: no sabía que expresar admiración era una falta de respeto.

A pesar de que había una sala para cambiarse, necesitaba usar el espejo y fui al baño.” —nota de Azuma: personalmente encuentro esas salas muy incómodas si es que no se está acostumbrado a empelotarse en público.

Fui a hacer purikura mientras estaba con mi disfraz.”

No podía encontrar una parte de mi traje y saqué todas las cosas de mi bolso. Ahora que lo pienso causé muchas molestias.”

En el tren de vuelta hice mucho ruido con mis amigos. Ahora estoy sumamente arrepentida.” —nota de Azuma: hablar es una necesidad humana.

(en caracteres de gran tamaño) “Fui al convenience store mientras estaba con mi disfraz!” —nota de Azuma: yo recuerdo haber ido a un supermercado con mi disfraz. No en Japón, por supuesto.

Saqué fotos sin preguntar.” —nota de Azuma: a menos que fuese un pervertido, personalmente no me importa que me saquen fotos. Pienso que si eso sucede uno debería sentirse halagado.

El hacer una escena de personajes hombres en una actitud anormal en frente de otras personas, fue una terrible idea. Realmente pido disculpas.” —nota de Azuma: me gustaría saber cuál fue esta actitud anormal.

Etcétera.

Complementando estas terribles confesiones, están los consejos de los sempais en este arte:

No creas que tú puedes hacer algo sólamente por que se lo viste hacer a otra persona.” —nota de Azuma: el mensaje subliminal de esto es “tener valor para expresarse es un crimen”. =P.

El ser principiante no es una excusa para equivocarse.” —nota de Azuma: había olvidado que esta era la tierra del seppuku.

Como el cosplay es una práctica que comúnmente es mal mirada, hay que actuar con mucha responsabilidad al respecto. Dependiendo de cómo actuemos se decidirá el futuro del cosplay. No hay que olvidar el sentido común.” —nota de Azuma: puedo entender esto, pero me parece que el futuro del cosplay no es un asunto tan serio. El que lo quiere hacer lo hace, punto. Me parece triste que la diversión deba tener tantas regulaciones innecesarias.

Recomendaría que, si quieres empezar en este mundo, sería bueno que primero comenzaras a sacar fotos a los demás con tu ropa normal. Después de ver cómo son las cosas desde afuera, estarías habilitado para hacer tu debut“. —nota de Azuma: ¿qué, acaso el cosplay es un arte marcial?!

¡Afuera, en el mundo, debemos convertirnos en personas comunes!.”

Estar en lugares públicos con el disfraz es algo preocupante. Después nos juzgan a todos, así que eso deberían evitarlo a toda costa!.”—nota de Azuma: entonces el cosplay no tendría razón de ser.

En fin,  las reglas en cuanto a hacer cosplay en este país son un asunto que se ha hablado a menudo y por lo cual se rompen la cabeza algunos occidentales, por lo que esto en realidad no es nada del otro mundo. Estoy a favor de la seriedad en cuanto a llevar el cosplay como un asunto personal, o incluso si se quiere, como una forma de arte en la que existe extrema preocupación en su elaboración y preparación, dando a veces hermosos resultados que pueden resultar inspiradores. Eso admiro y celebro de los cosplayers japoneses. Pero esto es una forma de entretenimiento, se lleve como se lleve a cabo. Aunque obviamente no hay que olvidar que, la diversión, el atreverse a mantener la propia individualidad y la transgresión de reglas, son cosas que en este sito van de la mano. El cosplay para los otakus japoneses es como ese grito ahogado de la personalidad, que como aquel disfraz que sólo puede ser usado por unas pocas horas, tiene derecho a expresarse en momentos limitados y si se sigue las reglas, claro está.