En casa de herrero cuchillo de palo

Una de las revistas más famosas de cosplay, la Cosmode japonesa, tiene una sección en donde siempre salen pequeñas anécdotas de diversas personas que comparten esta práctica, normalmente relatando momentos graciosos o inusuales que ocurrieron durante eventos o sesiones de fotos. Es una de las partes de la revista que disfruto bastante, pues normalmente me río y me identifico con la serie de tallas que suelen suceder. Aunque en la revista número 25 fue un poco diferente. La sección de esta edición está titulada como “tus modales del pasado: la habitación del arrepentimiento“, y es una compilación de historias de cosplayers arrepentidos por sus malas maneras. Lo interesante de esto, por supuesto, es que aquello entendido por malas maneras es un asunto bastante relativo y considerar estas cosas como una equivocación puede resultar impensable para los practicantes de este hobbie en occidente.

Por eso me dediqué a traducir las citas más memorables de esta lista de errores:

Cuando empecé a hacer cosplay, fui una vez a un evento donde se hallaba mi actor favorito. Me vestí como el personaje que él hacía en una serie (con uniforme escolar). Ahora que lo pienso he cometido un acto totalmente irrespetuoso.” —nota de Azuma: no sabía que expresar admiración era una falta de respeto.

A pesar de que había una sala para cambiarse, necesitaba usar el espejo y fui al baño.” —nota de Azuma: personalmente encuentro esas salas muy incómodas si es que no se está acostumbrado a empelotarse en público.

Fui a hacer purikura mientras estaba con mi disfraz.”

No podía encontrar una parte de mi traje y saqué todas las cosas de mi bolso. Ahora que lo pienso causé muchas molestias.”

En el tren de vuelta hice mucho ruido con mis amigos. Ahora estoy sumamente arrepentida.” —nota de Azuma: hablar es una necesidad humana.

(en caracteres de gran tamaño) “Fui al convenience store mientras estaba con mi disfraz!” —nota de Azuma: yo recuerdo haber ido a un supermercado con mi disfraz. No en Japón, por supuesto.

Saqué fotos sin preguntar.” —nota de Azuma: a menos que fuese un pervertido, personalmente no me importa que me saquen fotos. Pienso que si eso sucede uno debería sentirse halagado.

El hacer una escena de personajes hombres en una actitud anormal en frente de otras personas, fue una terrible idea. Realmente pido disculpas.” —nota de Azuma: me gustaría saber cuál fue esta actitud anormal.

Etcétera.

Complementando estas terribles confesiones, están los consejos de los sempais en este arte:

No creas que tú puedes hacer algo sólamente por que se lo viste hacer a otra persona.” —nota de Azuma: el mensaje subliminal de esto es “tener valor para expresarse es un crimen”. =P.

El ser principiante no es una excusa para equivocarse.” —nota de Azuma: había olvidado que esta era la tierra del seppuku.

Como el cosplay es una práctica que comúnmente es mal mirada, hay que actuar con mucha responsabilidad al respecto. Dependiendo de cómo actuemos se decidirá el futuro del cosplay. No hay que olvidar el sentido común.” —nota de Azuma: puedo entender esto, pero me parece que el futuro del cosplay no es un asunto tan serio. El que lo quiere hacer lo hace, punto. Me parece triste que la diversión deba tener tantas regulaciones innecesarias.

Recomendaría que, si quieres empezar en este mundo, sería bueno que primero comenzaras a sacar fotos a los demás con tu ropa normal. Después de ver cómo son las cosas desde afuera, estarías habilitado para hacer tu debut“. —nota de Azuma: ¿qué, acaso el cosplay es un arte marcial?!

¡Afuera, en el mundo, debemos convertirnos en personas comunes!.”

Estar en lugares públicos con el disfraz es algo preocupante. Después nos juzgan a todos, así que eso deberían evitarlo a toda costa!.”—nota de Azuma: entonces el cosplay no tendría razón de ser.

En fin,  las reglas en cuanto a hacer cosplay en este país son un asunto que se ha hablado a menudo y por lo cual se rompen la cabeza algunos occidentales, por lo que esto en realidad no es nada del otro mundo. Estoy a favor de la seriedad en cuanto a llevar el cosplay como un asunto personal, o incluso si se quiere, como una forma de arte en la que existe extrema preocupación en su elaboración y preparación, dando a veces hermosos resultados que pueden resultar inspiradores. Eso admiro y celebro de los cosplayers japoneses. Pero esto es una forma de entretenimiento, se lleve como se lleve a cabo. Aunque obviamente no hay que olvidar que, la diversión, el atreverse a mantener la propia individualidad y la transgresión de reglas, son cosas que en este sito van de la mano. El cosplay para los otakus japoneses es como ese grito ahogado de la personalidad, que como aquel disfraz que sólo puede ser usado por unas pocas horas, tiene derecho a expresarse en momentos limitados y si se sigue las reglas, claro está.

Wannabeland, un largo ensayo sobre

Cuando estaba en la secundaria, gustar del manga y todo lo relacionado a ello, era visto como una afición más o menos peculiar y no muchas veces compartido por la mayoría.  Por suerte, yo si gocé de la oportunidad de tener amigos que estaban en el mismo barco, pero no eran numerosos.  La animación japonesa en sí, por otra parte, era algo cotidiano,  un detalle más de la niñez de uno. Todos crecimos viendo los Caballeros del ZodiacoDragon Ball o Sailor Moon,  de la misma forma que veíamos Nickelodeon, Cartoon Network y las telenovelas de la tarde.  Quien decidía ahondar más en el tema y quería empezar a conocer de donde venía todo esto, quien quería tener la oportunidad de leer aquellas historietas en blanco y negro que a veces se leían al revés de los cristianos, se las tenía que ver bastante negras, pues el material era caro y difícil de conseguir, sobretodo en mi caso, considerando la pequeña y remota ciudad de provincia en la que yo viví en mi adolescencia.

Los pocos tomos de manga que tenía en mi poder,  eran un tesoro preciado que uno ostentaba y el merchandising relacionado normalmente componía en su mayoria de cosas bastante piratas, como figuras mal pintadas y posters patéticamente vectorizados y arreglados con photoshop, que decian cosas como The prince of temmos en vez de The prince of tennis. Aún asi uno disfrutaba su afición. Era de cierta forma emocionante, por que había que salir a la caza de objetos raros y cuando uno se encontraba con otro aficionado uno se volvía eufórico. Donde normalmente se intercambiaba con gente parecida era en foros o chats,  en aquellos tiempos cuando messenger era un gran invento y uno podía encontrar gente de todo el globo que vivía en lugares más agraciados en cuanto a este hobbie se refiere. Al principio, los eventos eran escasos pero ya hacia el final de la secundaria, se comenzaron a hacer más frecuentes los encuentros en donde uno podía hacer cosplay y karaokear (de una forma bastante casera, de por cierto). En mi primer año de universidad este mundillo había crecido bastante y, aunque de repente se encontraban personas poseras que realmente no tenían idea de lo que estaban hablando, todavía el ambiente no estaba tan pesado. Cuando vine a Japón me desconecté completamente de todo esto. Aquí el ser otaku se vive de una forma completamente distinta y a pesar de lo que muchos creen, no es algo digno de envidiar.  Claro que se puede sacar pica y decir que voy a Akihabara y esto y lo otro, pero muchos no toman en cuenta (a veces producto de la ignorancia, y a veces por que la gente ve de Japón solo lo que le conviene) del precio que se paga todos los días por haber decidido poner el pie en este exótico archipiélago. En primer lugar porque, aunque hay lugares donde uno puede encontrar el merchandising de sus sueños, hay que llevar esta afición de la forma mas encubierta posible. El ser otaku en el país de los otakus significa vivir avergonzado de uno mismo. No es un motivo de orgullo ni algo que se debe gritar a los cuatro vientos. Siempre recuerdo la cara que puso una de mis primeras profesoras de japonés cuando supo que conocía la palabra cosplay. Se puso tan incómoda que me hizo pensar que había dicho una indecencia. Esa es la realidad. Acéptenlo de una buena vez.

Es probable que por la blogósfera pululen muchos seres que tengan opiniones distintas, personas en su  mayoría que sí tuvieron la oportunidad de aterrizar en el aeropuerto de Narita, pero con una visa de turista, lo cual supone una diferencia crucial en muchos puntos. Yo diría que el tiempo perfecto para experimentar Japón sería el de un año (con el detalle de tener una cantidad razonable de dinero en el bolsillo).

Así, uno podría hacer uso del pulcro sistema de ferrocarril, pasar por las ciudades más importantes, caminar por Gion, si uno tiene suerte ver geishas  (aunque la mayoría de las veces serán falsas) y entrar a diversos templos famosos para decir que uno tuvo la iluminación zen,  sacarle fotos a las lolitas de Harajuku, vestir como ellas y salir a la calle, impresionándose por la libertad que hay en Tokyo, visitar Odaiba, gastarse cantidades obscenas de dinero en Akihabara, comer pocky, sushi, beber té verde, pasar la tarde en un Maid Cafe,  admirarse de la amabilidad de la gente, dormir en futón un par de noches en un ryokan, disfrazarse de samurai, tomar fotos a los nativos y sus costumbres para llevarlas de souvenir, etc, entre un sin fin de actividades y demostraciones varias para luego gritarle al mundo que uno ha conocido este maravilloso país. No quiero que piensen que estoy en contra del turismo; a mí me gusta mucho viajar y de hecho, si se tiene la oportunidad, me parece una actividad muy saludable. Pero uno no puede declarar conocer un país en el que estuvo unos cuantos meses parranda tras parranda (y el caso de Japón es aún más especial, teniendo en cuenta esa -ignorante- idolatría sin medida que recibe de parte de mucha gente que se hace llamar otaku).

Yo nunca llevé mi bolso forrado en chapas, pero tenía algunos parches, los cuales me traje a Japón. No me he atrevido a usar ninguno. Hay veces que cuando he planeado invitar a amigos japoneses a casa, pienso en sacar algunos posters y/o esconder algunas figuras de acción antes de que lleguen. Una amiga japonesa, muy amante del manga, tiene su numerosa colección de tomos oculta en un armario para que pase desapercibida ante las visitas normales. Muchos de los y las cosplayers que podemos ver haciendo sus locuras en las calles de Tokyo, son salaryman u office ladies de día y cosplayers por los fines de semana, como superhéroes encubiertos.

Por eso me pone de mal humor, y más que eso, me shockea, cuando presencio esta proliferación de tribus urbanas en mi país. ¿Qué diablos pasó en estos dos años? La primera vez que tuve la oportunidad hace un tiempo de ver aquel programa que no voy a nombrar, en el que se les da espacio a los jóvenes para que pierdan su tiempo y neuronas en defender subculturas de las cuales no tienen ni idea, quedé inmóvil de la impresión. Niños de escuela secundaria que, sin distinguir cuál es la diferencia de la pronunciación de la sh y ch, proclaman ser versados en cultura popular japonesa. Niños, pobres niños, que copian modas y actitudes de una forma bastante penosa, alegando ser diferentes, evitando mirarse al espejo. No quiero sonar como una persona prejuiciosa, pero sólamente hay que escuchar cómo hablan. Y no lo digo para burlarme, si no por que en su léxico se nota una enorme falta de educación, la cual no tiene que ver con aspectos económicos o el rol de los colegios.  La mayoría seguramente cuenta con un computador y acceso a internet, justamente la vía por la cual empezaron a sacar las ideas de todas estas tribus pero, precisamente contando con tal infinita y conveniente fuente de información, pocos se dedican a aprovecharla. La mayoría imita lo que quiere ver y este archivo de conocimiento fallado se comienza a multiplicar tan rápido como un virus.

Ahora todos los jóvenes se identifican con una tribu (alegando una búsqueda de identidad que, se pierde precisamente en ese proceso de etiquetarse) e, incluso hay aquellos que se admiran de la nueva tendencia de los jóvenes de hoy, con sus innovadores gustos y preferencias que, compondrán una nueva generación. Yo no he visto que haya cambiado nada. Cuando yo tenía la edad de ellos era un ente extraño en un mar de gente que me criticaba lo que hacía por que yo no estaba a la moda. También habían personas que se definían como góticos, punks, y otras subculturas más old school, entre las cuales se hallaba gente inteligente que deben estar siguiendo sus propios y espinosos caminos, pero la mayoría sólo se ocupaban en delinearse los ojos, pararse los pelos, llevar chapas o carpetas con los cantantes de regla y creerse grandes personajes dentro de aquel austral país alejado de todo. Pues es muy fácil ser gótico, otaku o hardcore, desde las seguras inmediaciones de la propia casa, ciudad o cultura, viviendo un ensueño dibujado según nuestros pareceres y conveniencias.

Un buen profesor de fotografía, una vez relató en su clase:  “muchos han ido a la réplica de Venecia que está en Disneyworld y se maravillan por la atmósfera y belleza que posee. Pero luego esas mismas personas van de vacaciones a Italia, visitan la Venecia real y se ofuscan. La de Disneyworld les parecía más bonita. Estamos en una era donde las réplicas se vuelven más genuinas que los originales.”

Vuelvo a repetir, niños, pobres niños.  Si logran cumplir aquel sueño de venir a Japón que muchos dicen tener (si es que en primera instancia se atreven a subir al avión), van recibir la fría bienvenida de este pueblo que no se dedicaron a conocer y escucharán que se están riendo a carcajadas de ellos.

Cansado de la vida

El domingo pasado, cuando me desperté y encendí el televisor, me encontré con una noticia terrible. En el mediodía un hombre había conducido un camión por la calle central del barrio de Akihabara y lo estrelló -intencionalmente- contra varios peatones. Luego de destruir el vehículo, se bajo de él y, cuchillo en mano, apuñaló a otros transeúntes más. Obviamente el escándalo se armó y a pesar de que el hombre hizo ademán de huir, fue atrapado instantes después en una calle lateral por la policía, para ser posteriormente arrestado. Todo hubiese terminado ahí, pero lamentablemente siete personas perdieron la vida y otras diez quedaron gravemente heridas. Entre ellos un padre y un hijo que habían salido a comprar accesorios de computador, o una chica universitaria que transitaba por ahí. Gente como uno. Aquello me heló el cuerpo. El lugar del hecho estaba frente a una tienda que frecuento mucho y donde terminaron atrapando a este delincuente estaba a pocas cuadras de una jugetería a la que siempre voy.

No quiero poner más morbo con este post, porque ya le han dado suficiente tarro a este hecho en las noticias. Pero Akihabara es un lugar al que voy bastante y en el que podía caminar sin cuidado. Se supone que esto era Japón, no cualquier ciudad de Latinoamérica, donde uno camina abrazado a su mochila porque si no desaparece. Pero lo peor de todo esto es que esta masacre no fue un asalto por dinero. Cuando el hombre en cuestión fue arrestado, dijo sus razones: “Estaba cansado de mi vida. Queria matar a alguien, a quien fuera. No soy alguien necesario para nadie. Por eso, cometiendo asesinato, llamaría la atencion de las personas.”

En Latinoamérica también puede suceder que un tipo vaya y apuñale a decenas de personas, pero probablemente sería porque está bajo los efectos de las drogas o pretende robar objetos de valor. Allá no puedo caminar en la noche como camino por aquí, tampoco puedo perder mi billetera y esperar que alguien me la devuelva, pero aún así, no puedo dejar de impresionarme. Nuestros países no se encuentran en buenas condiciones, aún estamos a siglos de acabar con la pobreza y la corrupción, pero en este país del primer mundo, donde la miseria no es tan evidente y donde los servicios funcionan, la sociedad esta podrida en un estado tan profundo que llega a dar escalofríos.

El hombre en cuestión era un funcionario de una empresa de automóviles que tenía buena reputación en su trabajo, una persona x entre todos los japoneses x que viven en este país. Solamente sucedió que, lamentablemente, esta persona se cansó de ser x, pero como la sociedad no esta construída para personas no x, no había salida posible. Entonces sucedió lo que sucedió. No es que esté defendiendo a este hombre precisamente, pero lo que pasó es el efecto de lo que produce la sociedad de este país. Ahora, en las noticias y los matinales dan especiales en donde los invitados son especialistas en la materia, donde revisan el blog que el hombre poseía, y resaltan, ojo, el tipo es un otaku. Ahhh, claro. Ahí esta la culpa de todos los males. Después comentan sobre cómo ha cambiado Akihabara en este último tiempo y la indecencia que abunda por ahí (como las maids repartiendo publicidad de sus respectivos cafés). Luego una residente cercana opina, “sí, antes no era así, ahora está lleno de inmorales”. Y a esa opinión luego se le unen varias parecidas.

A mí me gusta el manga y sí, también me meto en los callejones del famoso barrio a buscar figuras de acción, cds raros y merchandising vario. También he ido a un maid cafe y fue una experiencia divertida. Tampoco quiero decir que celebro todo lo que compone la cultura otaku, porque hay cosas que me dan y seguiran dando escalofríos, como las muchachas que hacen service para todos los transeúntes dejando que les tomen fotos a lo que hay debajo de sus faldas porque es kawaii. Pero es injusto que le echen la culpa a esto y escondan la verdad. En ningún momento han hablado de cómo las personas se sienten viviendo en esta sociedad, porque todos, excepto este hombre, son personas decentes con una vida decente, ¿no?. Nadie quiere sacar a la luz los pedazos de sus vidas podridas, todos esperan hasta que no se pueda más y no quede otra que explotar. Y por eso, no puedo dejar de pensar con profunda tristeza en la vida de este hombre.

¿Este es el Japón que admiran ustedes? Está bien lejos de ser el paraíso que se imaginan.